30-01-26: Nos dejó Jorge Hernán Cereghetti, conocido por su actividad de periodista deportivo como Hernan Ceres. Durante 17 años presidió el Circulo de Periodistas Deportivos de Buenos Aires desde 1981 al 1997. Luego presidió el Tribunal de Honor durante varios períodos.
Fundador de la Panamericana de la Prensa Deportiva junto al gran colega venezolano Abelardo Raidi, refundaron la organización danto lugar a la Federación de Periodistas Deportivos de América (FEPEDA), hoy ya AIPS América. Fue miembro de la AIPS y vicepresidente junto al canadiense George Gross, siendo ambos electos en el 60° Congreso de Oviedo en 1997. En 2001, en Toronto, es elegido por la Sección Continental como representante de América en el Comité Ejecutivo, cargo que ejerció desde 2001 al 2005.
En 1998, en el Congreso de Montevideo fue electo primer vicepresidente de FEPEDA, en ocasión de ser electo como Presidente el Dr. Juan Facuse Heresi de Chile al que lo unía no solamente su profesión sino también una profunda amistad.
Hernán nació el 1° de mayo de 1932. Su padre era uruguayo, de Soriano. Inició su carrera en 1958 en el diario Crítica. Periodista deportivo en las redacciones de Noticias Gráficas, El Nacional, Correo de la Tarde, Mundo Deportivo y Goles. Durante 32 años integró la sección Deportes del diario Clarín. En 1961 debutó en radio El Mundo donde actuó por espacio de 15 años. Comentó fútbol en programaciones de las radios Belgrano, Splendid, Excelsior y Argentina.
Colaborador en temas de interés general de la revista Todo es Historia. Durante varios años, fue Director Institucional de la Escuela de Periodismo Deportivo de Vicente López una filial de la Escuela del Circulo de Periodistas de Buenos Aires.
Fue Presidente del Gran Jurado Premios Konex 1990 y Jurado Premios Konex 1980, 1987, 2000 y 2010. Los últimos años llevaba adelante los domingos un programa de tangos y anécdotas de fútbol los días domingo que llamó “Entre memorias y olvido”. Mismo título de libro de anécdotas e historias del fútbol que supo escribir como pocos.
Hace casi dos años, publicó “Memorias de un periodista”, donde cuenta todas sus anécdotas de diferentes torneos de fútbol a los que asistió, siguiendo a su amado River Plate, así como las dos ocasiones en las que asistió en vivo a ver a su selección Argentina coronarse campeona del mundo en 1978 y 1986.
Entrañable, categórico, observador, obstinado, a veces terco y litigante, pero sobre todo frontal. Pero por encima de todo, amigo, querible, respetable. Usaba como frase de cabecera, para graficar a las organizaciones de periodistas deportivos, nuestros queridos Círculos, diciendo «Las grandes obras, las sueñan los santos locos, las realizan los luchadores natos, las aprovechan los felices cuerdos y las critican los inútiles crónicos». La escribimos en un cartel y estuvo años en la pared del CPDU en la sede de la calle Río Negro. Aclaraba por las dudas “Mirá que no es mía, atendeme, es anónima, pero es una gran verdad”, decía.
Cuando nos visitaba en Montevideo, amenazaba siempre con volver. Y retornaba. Se instalaba en el hotel y enseguida se iba a dar las vueltas que le gustaba dar en el centro de la ciudad, no faltaba la parrilla en el Mercado del Puerto, con el brindis por el retorno y las horas de recuerdos, cuentos, anécdotas. Así también nos juntábamos en La Parrilla Peña, de Rodríguez Peña en la misa vereda que la sede del CPD de Buenos Aires. La foto de él conversando es justamente de 2024, en un almuerzo juntos.
La última vez que vino a Montevideo, lo acompañé al bus que lo llevaba al Puerto de Colonia para cruzar a Bs As en el barco, me abrazó y lloró. “Esta vez no sé si será la última”, me dijo. Me acordé de eso, cuando su hijo me confirmo su fallecimiento.
Tenía 93 años, hacía un tiempo que su salud se había deteriorado y su energía se apagaba de a poco. Estaba al tanto de todo por su hijo que lo acompañó siempre. Pretendía visitarlo en febrero, los primeros días, quería verlo en Buenos Aires. No pudo ser. Este 5 de febrero no me va a llamar por mi cumpleaños como cada año.
Nos dejó ayer 29 a la tarde, con el calor de enero, en la capital federal, allá por Vicente López, su barrio porteño de toda la vida. Ya no será lo mismo ir a la capital y saber que no estará Hernán para abrazarnos y que me mire con cara de incrédulo y con la ironía que le gustaba decir cosas preguntarme ¿Vos que haces acá Ortiz? Y reírnos los dos.
Que en paz descanses querido amigo. Gracias, por tanto. Feliz de haberte conocido. Pasaré por alguna biblioteca para leer algún tomo de los que te gustaba ver y así te recordaré. A su hijo Hernán, sus nietos, su nuera que era como una hija para él, mis condolencias y el apretado abrazo.
¡Hasta siempre profesor!







